viernes, 17 de julio de 2009

Te sentía cerca, me daba escalofrío. Fruncía las cejas, porque me resulta tan extraño sentir tan fuertemente el amor. Por momentos, hasta me dolía. Giré la cabeza por un ruido que llegaba desde la puerta. Y cuando volví mi mirada a vos, tus ojos se inundaban de lágrimas. Un dolor en mi estómago, y no era del mismo dolor del enamoramiento. Y tu cara se desfiguraba. Toqué mi vientre, y sangraba. Me traspasó el cuerpo algo helado. Se escuchaban más ruidos. Y ví en tus ojos el llanto. Con mi dedo índice sobre tu boca te pedí silencio, y tras una sonrisa me fui yendo.

1 comentario:

Eusebia Florestán dijo...

Qué fuerte. Así sucede a veces el desengaño, la separación... el irse por no poder quedarse.
Saludos desde la Buhardilla.
E.